La salida de Guzmán es otro duro golpe para el Presidente y significa el derrumbe de la base en la que se asentó, en los últimos meses, la resistencia contra Cristina.

Se da en medio de una fuerte crisis económica que atraviesa el país y los cumplimientos que deben llevarse a cabo en el acuerdo con el FMI.

Guzmán le había pedido a Fernández tener los instrumentos necesarios para gestionar la política macroeconómica. Esperó hasta el sábado una respuesta y no la obtuvo.

Previo llamado telefónico a Fernández, el funcionario dio a conocer su carta de renuncia. Ambos se tienen un gran aprecio, pero no coincidieron en las condiciones para seguir.

La implementación de la segmentación tarifaria fue el último episodio de una larga lista que, desde el entorno del ministro, definieron como “la máquina de impedir”. Apuntaron además contra funcionarios kirchneristas.

El acuerdo con el FMI no corre peligro en el corto plazo, pero el organismo ya pidió achicar el déficit en la segunda mitad del año. El mayor desafío es evitar que la inflación suba a tres dígitos.

La oposición envió señales para evitar un colapso. Desde Juntos por el Cambio criticaron la interna y advirtieron: “No queremos que nos digan golpistas”.

Movimientos sociales apoyaron a Alberto y apuntaron contra Cristina.  Movimiento Evita y Somos Barrios de Pie aseguraron que si es necesario saldrán a la calle.