Cuando el régimen talibán llegó al poder en agosto pasado, prometieron que no quitarían derechos a las mujeres. Esto no se cumplió.

La mayoría fueron obligadas a dejar sus trabajos y ocuparse únicamente de las tareas del hogar.

El uso de burka (velo que cubre todo el cuerpo y la cara) se volvió obligatorio en el país.

La escolarización de las niñas depende de cada ciudad o pueblo. En muchas provincias no se les permite asistir a la escuela después de los 12 años.

Según la ONU, el 87% de las mujeres afganas sufrió alguna forma de violencia física, sexual o psicológica.

Antes de la toma del poder por los talibanes, muchas mujeres y niñas sobrevivientes habían accedido a una red nacional de albergues.

Ahora, han sido prácticamente abandonadas. Su red de apoyo fue desmantelada y sus lugares de refugio han desaparecido.

En su avance, los talibanes también pusieron en libertad sistemáticamente a reclusos, sin pensar en el riesgo que suponen los perpetradores condenados para las mujeres y la niñas a las que victimizaron.

El grupo islamista determinó que las mujeres afganas que quieran viajar más de 72 kilómetros deben ir siempre acompañadas por un hombre.

Esta medida les quita la oportunidad de huir si sufren violencia doméstica y de desplazarse libremente.

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