Fue en 1992, durante el “Año del Apagón”, que ciudades como Bogotá y Medellín no pudieron alumbrar con las tradicionales luces navideñas las vías principales.
Para festejar, se valieron de la creatividad para decorar sin energía. En Medellín, con papeles metálicos y antorchas lograron dar alegría a la Navidad.
Por aquel entonces, una sumatoria de factores impidieron que la gente pudiera tener energíaeléctrica en casa.
El sistema eléctrico estaba en quiebra, no había participación de empresas competitivas y las decisiones tenían más un tinte político que técnico.
El fenómeno del niño, una banda de agua oceánica cálida que se desarrolla en el Océano Pacífico trajo sequías y el agua de los embalses no era suficiente para las hidroeléctricas.
El retraso de los grandes proyectos hidroeléctricos por la deficiente gestión pública dejó en
desventaja al sistema eléctrico, que después de 1972 empezó a funcionar de manera
unificada, con racionamientos que se sentían en todo el país.
Estaba atrasado el proyecto El Guavio que era de 1.260 megavatios y las centrales térmicas no respondieron porque estaban dañadas.
El control sobre las tarifas hizo que las finanzas de las empresas fueran débiles haciendo muy difícil la expansión de los proyectos.
El país necesitaba un sistema eléctrico competitivo, que no obedeciera a la dinámica de la política.
Se construyó con la participación amplia, inversión privada e incentivos a la expansión del servicio y la calidad de la energía.
Gracias a esto, hoy es ejemplo en el mundo y lleva 30 años sin apagarse.