El distanciamiento físico de la pandemia tuvo el peso puesto en lo social. Si bien el encierro afectó a todas las personas, golpeó fuerte a los adolescentes.

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Para los expertos, el uso de redes sociales influyó negativamente entre los más jóvenes. Las consultas con especialistas de la salud mental aumentaron durante el aislamiento.

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La falta de contacto entre adolescentes y la imposibilidad de una vida social acorde a esa edad, generó distintos trastornos. El motivo de consulta más frecuente fueron las crisis de angustia.

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Los jóvenes también recurrieron a especialistas por trastornos alimentarios motivados por el aislamiento o que ya los padecían y se agudizaron.

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Los cambios en el ritmo sueño-vigilia fueron otra causa frecuente de consulta. Dormían durante el día y de noche se mantenían despiertos, lo que generó un bajo rendimiento académico.

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Para los analistas, el encierro generó estados o crisis de angustia que, en algunos casos, derivó en procesos depresivos con tratamientos psicoterapéuticos y psicofarmacológicos que aún, 3 años después, persisten.

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