Científicos de la University College de Londres encontraron consecuencias en la calidad de vida, las emociones y el comportamiento de los niños después de padecer COVID. ¿Qué descubrieron?

Si bien para la mayoría de los niños y jóvenes, la infección por SARS-CoV-2 ha sido asintomática o leve en comparación con los adultos, las secuelas se convirtieron en una preocupación creciente.

El COVID-19 prolongado tiene un impacto debilitante en algunos niños, pero se sabía poco sobre la frecuencia o duración del estado de mala salud y el bienestar después de la infección.

Una nueva investigación del University College de Londres, publicada en la revista The Lancet Regional Health, da cuenta de algunas conclusiones en ese escenario y sus posibles abordajes.

Los especialistas informaron que los síntomas de COVID prolongado que experimentan los niños y los jóvenes cambian. Además, se informaron nuevos malestares que emergen con el paso del tiempo.

Los investigadores preguntaron a los niños y jóvenes cuáles de una lista de 21 síntomas habían padecido. Entre ellas incluían dificultad para respirar, cansancio, calidad de vida, salud mental, el bienestar y la fatiga.

El equipo descubrió que, en el momento de la prueba, los problemas de salud eran más comunes en los niños y jóvenes que dieron positivo del virus en comparación con los que dieron negativo.

Si bien continúan las investigaciones aseguraron que: “En los menores, la prevalencia de síntomas adversos informados en el momento de una prueba de PCR positiva fue disminuyendo en 12 meses”.