Para los especialistas se trata de individuos sin conciencia moral, que no tienen algo que les marque los límites de lo permitido, lo posible y lo legal. No suelen sentir arrepentimiento.
“Carecen de contacto empático con el otro. Lo perciben como un objeto, como alguien accesorio a su pulsión, que puede ser agresiva, sexual, tensional”, expresó Enrique De Rosa, médico psiquiatra y neurólogo.
No distinguen entre pulsión sexual y agresión. Carecen del freno inhibitorio, lo que lleva a no registrar al otro. Además, su falta de empatía hace que el otro se convierta en un objeto.
Se trata de estructuras mentales narcisistas, paranoides. Su mundo empieza y termina en sí mismos. No se ve al otro como sujeto y en ese sentido se lo puede agredir hasta matar o violar, remarca el especialista.
Falta de demora entre el impulso y la actuación del impulso.
Cualidades que suelen compartir estos abusadores:
Lo único que a veces toman en cuenta es el peligro de ser descubiertos o detenidos.
No buscan sólo una gratificación genital sino que es más bien la
sexualidad y el cuerpo del otro un vehículo para descargar su violencia y destructividad.
Son dueños de una perversión delictiva,
agresiva, salvaje, que daña el cuerpo y el alma de la víctima.
Pueden hacer que la víctima sienta equivocadamente
vergüenza y culpa como si hubiera sido cómplice del acto.
Para los especialistas es necesario un trabajo multidisciplinario y en algunos casos se requiere de medicación y asistencia social.