Brittanee Drexel, de 17 años, desapareció el sábado 25 de abril del 2009 en Myrtle Beach, luego de mentir para viajar con sus amigos. Después de 10 años, el FBI le puso fin a un caso sin resolver.
La joven nació en 1991 en Rochester, Nueva York. Vivía con su familia en una zona tranquila de EEUU.Nadie imaginaba este trágico final.
Con motivo de celebrar su último año escolar, la joven quería viajar junto con sus compañeros a la playa para el tradicional festejo Spring Break. Su madre no la dejó ir y Brittanee mintió para poder asistir.
Le aseguró a su familia que se quedaría en la casa de una amiga para disfrutar de esa semana sin clases. Todo era una estrategia distractiva para escaparse a 1.300 kilómetros de distancia.
Se alojó con sus amigos en el Hotel Bar Harbor, en Carolina del Sur, situado en la primera línea sobre la playa. Era un área muy concurrida y llena de hoteles. De un lado, el mar; del otro, la avenida Ocean Boulevard.
Todo parecía marchar bien hasta que decidió visitar a un conocido en un hotel cercano. Para eso caminó durante 30 minutos. Su llegada y salida quedaron registradas en las cámaras de seguridad.
Esas fueron sus últimas imágenes con vida. Quién detectó primero la desaparición fue su novio, John, a quien no le respondía sus mensajes de texto. Él alertó a su madre y a la policía.
¿Dónde estaba Brittanee?
Nadie sabía nada. No había rastros de la joven.
Los investigadores rastrearon el área de playas durante once días.
En junio de 2016, siete años después de la desaparición, los investigadores del FBI anunciaron en una conferencia de prensa un cambio en el caso. Dijeron que lo consideraban un secuestro seguido de homicidio.
Una serie de datos llevó a los oficiales hacia un sospechoso: Raymond Douglas Moody, de 62 años. El día de la desaparición había sido multado en esa zona por exceso de velocidad.
Tenía un extenso prontuario.El 4 de mayo de 2022, a 13 años de la desaparición de Brittanee Drexel, Moody fue arrestado, acusado de ser el secuestrador y homicida de la adolescente.
Los restos fueron analizados y confirmaron la identidad.
Un detalle curioso es que tanto el asesino como su víctima solo veían de un ojo.
Ella por un defecto de nacimiento, él por un golpe.
La policía sostiene que la interceptó al salir del hotel de su amigo, consiguió que ella subiera al auto y condujo unos 50 kilómetros hacia el sur. Sobre una rampa de botes sobre el río Santee, la violó y la estranguló.