Aunque en la época de Jesús muchos hablaban hebreo, los historiadores y estudiosos de la Biblia creen que la lengua cotidiana de la zona era el arameo.
Un pueblo remoto de Siria es el último rincón del mundo donde sus habitantes hablan con fluidez arameo.
Una lengua que, sin este pueblo, se consideraría “lengua muerta”, como ocurre con el latín.
Malula está ubicada a 50 km de Damasco, capital del país de Medio Oriente, y tiene cerca de 5.000 habitantes. Se encuentra en la cordillera de Qalamoun.
En un país donde la mayoría habla árabe, la lejanía del pueblo con otras ciudades fue decisiva para que el idioma no se extinguiese.
Una de las joyas del pueblo es la Iglesia ortodoxa de San Jorge, donde las misas y los rezos son en la misma lengua en la que rezaba Jesús.
Aunque el acceso al pueblo es arriesgado porque el país está en guerra, antes de la pandemia Malula era frecuentado por turistas.
Sus habitantes están orgullosos de ser la única población de mayoría cristiana que mantuvo el arameo.
Este idioma se habla también en dos comunidades vecinas: Bakha y Yubadin, aunque ambas son musulmanas.
Expertos en lenguas han visitado estos poblados para estudiar el idioma, que fue tan común en la región hace más de dos mil años y hoy solo es hablado por unas pocas personas en todo el mundo.