Bagdad, la capital iraquí, amaneció con el cielo color ocre provocado por una nueva tormenta de arena que obligó a cerrar aeropuertos y edificios públicos.

La última tormenta había ocasionado problemas respiratorios en los habitantes de la ciudad.  Además, provocó un muerto y más de 5.000 personas fueron hospitalizadas.

Esta vez, la ciudad quedó rodeada de una espesa nube que impedía a los residentes ver a pocos metros y las casas quedaron sepultadas bajo el polvo.

"Hemos tenido 75 casos de personas con problemas respiratorios”, aseguró Ihsan Mawlood, médico de urgencias de un hospital de Bagdad. “Estamos tratando a los pacientes con máquinas de oxígeno”.

Los aeropuertos también fueron cerrados y al menos siete de las 18 provincias del país anunciaron el cierre de las administraciones públicas,  a excepción de las de salud.

Además, cerraron todas las escuelas y se pospusieron los exámenes hasta el martes, indicó el Ministerio de Educación. Esta medida se levantará según la evolución del pronóstico.

Desde mediados de abril, Irak ha sufrido ocho tormentas de arena y es considerado como uno de los cinco países del mundo más vulnerables a los efectos del cambio climático  y la desertificación.