El 13 de abril de 1943 se produjo una fuga en la cárcel más segura del mundo y pasó a la historia.  Cuatro presos, liderados por uno de los criminales más temibles de EEUU, huyeron de Alcatraz.

Floyd Garland Hamilton llegó a la prisión a mediados de 1940. Tenía 36 años pero ya era una leyenda en el mundo del crimen: su prontuario incluía muertes, robos y asaltos a mano armada.

Alcatraz era conocida como una “roca”. Rodeada por las heladas aguas del Pacífico, se decía que era imposible salir. Todos los que habían intentado escapar, murieron.

Construida en una isla ubicada en la Bahía de San Francisco, California, había sido inaugurada como prisión federal de máxima seguridad en 1934 y se la consideraba “a prueba de fugas”.

La banda liderada por Hamilton estaba compuesta por:

Harold Brest: secuestrador y ladrón de bancos.

Fred Hunter: antiguo miembro de la mafiosa “Old Creepy”.

James Boarman: delincuente reincidente.

Los delincuentes montaron su base en el taller de carpintería. Hamilton notó que el edificio tenía forma de “L”, lo cual impedía que los guardias pudieran ver a todos los presos al mismo tiempo.

Allí limaron los barrotes, robaron uniformes de guardias y prepararon cuatro tablas de madera para poder surfear. El 13 de abril pusieron su plan en marcha, huyeron y saltaron al mar.

Si bien los cuatro llegaron al agua ilesos, allí empezaron los problemas. La policía comenzó la persecución y atrapó a dos de ellos. Hamilton y Hunter lograron esquivar las balas.

Hunter se entregó al día siguiente, pero a Hamilton dejaron de buscarlo, convencidos de que había muerto. Cuatro días después, lo encontraron en la prisión: había vuelto por sus propios medios.

Hamilton se convenció de que si se quedaba fuera moriría de hambre o de frío. Nunca más intentó huir y obtuvo la libertad condicional en 1956.

Alcatraz siguió siendo la prisión más segura del mundo durante casi 20 años. Hoy está abierta al público y, por 40 dólares, cualquiera puede entrar al lugar del que todos quisieron escapar.