Sin perder su característica sonrisa, enamoró a un príncipe y a un país entero desafiando los protocolos.  Cuáles son los secretos de la holandesa más argentina.

Máxima Zorreguieta como reina era impensada, no solo por las geografías y culturas sino porque hasta ese momento las bodas entre personas de la monarquía eran solo entre royals.

De la reina se sabe mucho y a su vez, muy poco. Nació en Buenos Aires, estudió en un exclusivo colegio inglés y hay un gran hermetismo en su entorno.  Se divulgaron pocas fotos de su infancia.

Máxima profetizó al egresar del secundario:  “Yo me voy a casar con un noble”. Nadie podía imaginar que ese deseo sería realidad. Luego, estudió Economía en una universidad argentina.

En el verano de 1995 se mudó para trabajar en Nueva York, donde logró conseguir un puesto en Credit Suisse.  En esa época comenzó una relación que no llegó a buen puerto.

Como relata el libro “Máxima, la construcción de una reina”, el noviazgo no prosperó porque la familia del novio “no creyó que la argentina fuera una candidata que estuviera a la altura de su hijo”.

En 1999, Guillermo y Máxima se vieron por primera vez. Fue en una fiesta en la Feria de Sevilla. La invitó a bailar y ella le dijo “You are made of wood” (sos de madera).

Él, lejos de enojarse, quedó encantado con esa latina, espontánea, divertida y dueña de una sonrisa encantadora.  Se enamoraron y vencieron todos los obstáculos.

Máxima dejó su vida para empezar una nueva y estudió holandés y protocolo.  El 2 de febrero de 2002, Guillermo y Máxima se casaron. Tuvieron tres hijas: Alexia, Amalia y Ariane.

Los que siguen de cerca los vaivenes de la realeza, aseguran que Máxima logró resignificar la vida de Guillermo y los que transitan el palacio dicen que la reina llenó de alegría los pasillos.