Virgil “Gus” Grissom, Roger Chaffee y Edward White fueron los tripulantes elegidos de la misión espacial que no llegó a partir.

Participaban de un vuelo de ensayo en el módulo lunar, destinado a saber si la nave iba a operar con normalidad con su propia alimentación interna cuando se desconectaran todos los cables.

Era un vuelo simulado destinado a dar plena seguridad para cuando se lanzara la nave al espacio, el 21 de febrero de 1967.

La NASA juzgó que el ensayo era “no peligroso” porque ni el vehículo de lanzamiento, un cohete Saturno IB SA-204, ni la nave espacial, iban a estar cargadas con combustible.

La tragedia estalló a las 06:30:54, mientras los tripulantes del Apolo I revisaban su lista de controles internos. Los equipos detectaron un corte de tensión en el interior de la cabina.

Diez segundos después, se oyó un grito: “¡Hey!”. Era la voz de Chaffee. Siguieron dos segundos de lo que pareció un forcejeo de los astronautas en sus sillones de vuelo.

White gritó: “¡Tenemos un incendio en la cabina!”. Todo era transmitido por circuito interno de televisión al control de la operación.

Enseguida se oyó cómo se rompía el casco de la nave espacial provocado por la presión del fuego, alimentado por oxígeno puro. “¡Me estoy quemando! ¡Sáquennos de aquí…!" fueron las últimas palabras.

Las comunicaciones con Apolo I se cortaron de modo brutal a las 6:31:21, apenas 15 segundos después del alerta de White sobre el fuego en la cabina. Los tres astronautas fallecieron.

Las investigaciones y las autopsias demostraron que los tres pilotos habían muerto en cuestión de segundos por inhalar monóxido de carbono cuando ardieron sus trajes de nylon.