Los agentes de inteligencia del Batallón 601 siguieron a la periodista argentina para recabar información sobre sus actividades.

Notificaron que era religiosa, frecuentaba casi a diario el Café Tortoni, era fanática del grupo "Queen" y del cantautor Luis Alberto Spinetta.

Ese grupo del Ejército estaba conducido por agentes capacitados en inteligencia. Luego, se decidían las detenciones que, en casi todos los casos, pasaban a ser sesiones de tortura o desapariciones.

Cada una de las fotografías estaban guardadas en el microfilm. El objetivo era ahorrar espacio y también ocultar material.

Fue una tecnología muy usada por el espionaje durante la Guerra Fría y también se utilizó en Argentina.

El registro del espionaje sobre Magdalena Ruiz Guiñazú data de 1982. En esa carpeta conviven dos informes: uno anterior a 1981 y otro posterior a la Guerra de Malvinas, que finalizó en junio de 1982.

En el primero de los informes consta que vivía en Alvear al 1500. En el segundo ya se había mudado a Rodríguez Peña al 1800. También, anotaron el nombre de los cinco hijos de Magdalena.

Además, había fotos de su exmarido César Doretti y de sus hijas: Alejandra, Mercedes y Paula Doretti. También aparece una foto de Sergio Dellacha, con quien mantuvo una relación hasta 2006.

Los agentes del 601 bautizaron el operativo de seguimiento a Ruiz Guiñazú como 093-Continente, cuyo nombre alude a Radio Continental, donde la periodista conducía “Magdalena y las noticias” en 1982.

Los teléfonos eran todavía de línea y estaban las pinchaduras legales e ilegales. La Pertenencia telefónica establecía que el número de teléfono de la casa de la periodista era el 44-1615.

En el croquis del barrio donde vivió Magdalena Ruiz Guiñazú los agentes marcaron con un número 1 alobjetivo”, es decir a la casa de la periodista. Luego señalaron allí algunos locales comerciales que frecuentaba.

Si hay algo que caracteriza a los reportes de inteligencia es el Gráfico de contactos. Allí se despliegan las relaciones personales de “la causante” y las “Relaciones laborales”.

En diciembre de 1998, la revista Trespuntos publicó una nota con una parte del contenido del microfilm. En aquella ocasión, Magdalena Ruiz Guiñazú escribió una columna:Espiar: un lamentable oficio”.