En la emblemática laguna de Venecia, Italia, una pequeña isla llamada Bacan está ganando protagonismo de manera inesperada.

Lo que antes era un refugio estacional oculto bajo las aguas, ahora emerge durante todo el año gracias a un sistema de defensa contra inundaciones que está transformando el paisaje y la vida de los residentes locales.

Bacan, situada cerca de la isla de Sant’Erasmo, solía aparecer solo en verano, informó la cadena de noticias británica Sky News.

Todo cambió con la inauguración de Mose, un sistema de barreras anti-inundaciones que protege Venecia de las crecidas del mar Adriático desde 2020. Según Giovanni Cecconi, ingeniero vinculado al proyecto, esta herramienta modificó el entorno de Bacan.

En la actualidad, la isla tiene una longitud de 250 metros y una anchura de 10 metros, cubierta de vegetación como juncos, flores y tamariscos.

En diálogo con The Independent, Cecconi también explicó que el cambio de mareas, al traer nueva vegetación, debería cuidar a la isla de su erosión. Sin embargo, no todos los expertos coinciden en que Mose sea una solución ideal.

Andrea D’Alpaos, hidrólogo de la Universidad de Padua, expresó a The Times su preocupación por el impacto ambiental del proyecto. El experto señaló que obstruir el flujo natural con barreras impide que los sedimentos vitales ingresen al ecosistema de los pantanos costeros, que compromete su preservación y funciones esenciales en la laguna.

Aunque Bacan pasó de ser un secreto estacional a un destino accesible todo el año, también existe el temor de que el turismo lo arruine. La esperanza de los venecianos es que la isla permanezca como un refugio seguro, alejado del caos del centro histórico.