Cuando Rusia invadió Ucrania, las tropas que partieron de Bielorrusia, pasaron por Chernobyl y se enfrentaron. El ejército ruso se apoderó de la famosa central nuclear el 24 de febrero.

Varios grupos militares rusos se quedaron y construyeron una red subterránea. Enterraron equipos pesados, crearon trincheras, instalaron cocinas bajo tierra, tiendas de campaña y fortificaciones.

Una de las fortificaciones se encuentra cerca del depósito provisional de residuos radiactivos, según indicó Evguen Kramarenko, jefe de la agencia encargada de cuidar la zona.

Las tropas de Vladimir Putin se retiraron a fines de marzo. Pero dejaron tras ellos un gran peligro para los ucranianos.

Desde entonces, el sistema para controlar el nivel de radiactividad en la región no funciona y los servidores que manejan esta información desaparecieron.

Las oficinas y el laboratorio del Instituto de Seguridad de la central nuclear han sido saqueados y destruidos.

La Agencia Estatal de Ucrania para la Gestión de Zonas de Exclusión advirtió que las fuerzas rusas se han llevado material radiactivo, que puede ser mortal si se maneja de manera poco profesional.

Los ocupantes robaron y dañaron 133 objetos con un peso total de alrededor de 7 millones de becquerelios, comparable a 700 kilogramos de residuos radiactivos con radiación beta y gamma.

“Si se han llevado un recuerdo de este tipo, en dos semanas está garantizado que se produzcan quemaduras por radiación y comiencen a sufrir los efectos de la radiación y procesos irreversibles en el cuerpo”, advirtieron.

Este material radiactivo fue sustraído de los laboratorios que había en la ciudad de Chernobyl. En ellos, se investigaba el riesgo de la exposición a radiación.