La penetración cultural llevó a que se practique en la vida real un deporte que existía sólo en los libros y el cine: magos volando sobre escobas.

La penetración cultural llevó a que se practique en la vida real un deporte que existía sólo en los libros y el cine: magos volando sobre escobas.

El quidditch se adaptó a la realidad y, como cualquier deporte, se juega con árbitro y reglas propias.

En Argentina, ya hay 57 personas anotadas que pagan una cuota y una matrícula anual para cubrir los gastos de los torneos.

En 2005, los primeros en practicarlo fueron unos estudiantes de la Universidad de Middlebury, en Vermont, Estados Unidos.

De a poco, el juego dejó de ser practicado exclusivamente en los club de fans de Harry Potter y se extendió por todo el globo hasta llegar a la Argentina, a mediados de 2012.

La penetración cultural llevó a que se practique en la vida real un deporte que existía sólo en los libros y el cine: magos volando sobre escobas.

En 2015 se realizó el primer torneo importante en Parque Avellaneda, donde asistió un equipo de Chile y varios más que actualmente existen e hicieron su debut ahí.

Por el momento, Deadly Dragons de Rosario y Black Birds y Noxus Dragons, ambos de Buenos Aires, son las únicas casas oficiales inscriptas.

La dinámica del deporte es parecida a la del fútbol: se enfrentan dos equipos con el objetivo de embocar una pelota en un aro y el que sume más puntos gana.

Hay siete jugadores por equipo en cancha: un buscador, un guardián, dos golpeadores y tres cazadores. Los equipos pueden tener hasta 14 integrantes en el banco.

La penetración cultural llevó a que se practique en la vida real un deporte que existía sólo en los libros y el cine: magos volando sobre escobas.

Por regla, se permite hasta un máximo de cuatro personas de un mismo género dentro de la cancha.

En total se utilizan cinco pelotas: tres bludgers que sirven para quemar a los rivales; una quaffle, para anotar puntos; y una snitch, clave para ganar el partido.